Kit Apocalíptico

02/08/2012
Vídeo grabado para el taller colectivo de narrativa La Cosa, orientado hacia los géneros de ciencia ficción y horror modernos. Las imágenes fueron grabadas con el propósito registrar un documento audiovisual que permita recordar qué debemos tener en cuenta ante un escenario apocalíptico en la ciudad de Resistencia.
El presente vídeo contiene tres listas de objetos y recursos a los que debemos acudir ante un ataque zombi (Marcos Misiaszek), la propagación de un virus letal (Alejandro Parmetler) y el estallido de una guerra nuclear (Gustavo Gómez), en el orden en que aparecen.

Hojas

Gastón Sibilla

Escribo en una de las últimas hojas, sé que tuve que haber traído más cuadernos, claro que lo sé ahora que se terminan las hojas; pero cómo pude no haberlo imaginado antes de salir.
No, jamás lo hubiese pensado. Todo lo que hice fue meter en la mochila algunas latas de atún y de arvejas y una linterna, a mi campera la traía puesta; a pesar del calor lo hice pensando en futuros inviernos.
Hace semanas que vago sin rumbo, sin tener algún lugar a dónde llegar, cargando lo que encontré y voy encontrando a mi paso.
La radio y las pilas fue lo primero. Aquella mañana escuchaba las noticias que se tornaron dramáticas, sabía que no podía quedarme, debía partir, dejar atrás esa ciudad y mientras pensaba en las llaves del auto apagué la radio y la metí en la mochila junto a las seis pilas, luego los alimentos, la linterna, pero cómo iba a pensar en más cuadernos, sí hasta al botiquín lo guardé solo porque lo vi cerca, con el apuro que tenía por escapar fui agarrando lo que veía cerca.
Hui con prisa, no pensaba en lo que iba a necesitar, porque no sabía qué ocurría; no sabía de qué debía escapar o por cuánto tiempo estaría vagando de ciudad en ciudad, o mejor dicho de lo que queda de las ciudades. Sólo guardé lo que vi a mi paso y salí.
El auto fue lo primero que tuve que descartar; poco combustible, aunque me sirvió para alejarme con prisa. Ahora, caminando, espero llegar pronto a la próxima ciudad para buscar algún nuevo cuaderno, u hojas, o lo que sea para escribir. No sé por qué pero tengo que hacerlo, escribir y escribir, contar lo que recuerdo de la ciudad en la que vivía, escribir de las ciudades que veo ahora.
La comida es poca aunque no me preocupa tanto como la falta de papel, mi campera sigue siendo inútil en este clima, lo que me hace pensar que aún sigo en Chaco a pesar de todo lo que viajé, pero de todas formas voy a seguir cargando con ella, para futuros inviernos. Lo que sí, es imprescindible es encontrar agua, no confío en la de los ríos o arroyos, y las botellas que traje se acabaron.
Aquellas formas lejanas parecen construcciones, quizás sea un pueblo o una ciudad, tendría que buscar una brújula ya que el mapa de poco me sirve si no tengo una orientación y el cielo cubierto por esta nube gris no me permite siquiera ver el sol. Sí, aquello es un pueblo, tendría que llegar en media hora si me pongo en marcha ahora; entonces que sea éste el punto final, hasta que consiga otro cuaderno.    

El libro maldito












Ramón Gustavo Gómez

Él era un investigador de crematorios antiguos, todo el camino contó sus últimos descubrimientos en la isla Martín García, y así tejía sus conclusiones de partícipes en la matanza de mucha gente. Llegamos al antiguo crematorio de la Isla, hoy convertido en una biblioteca, su fachada romanesca dan a la entrada un camino tétrico. Una vez allí entre fotos, apuntes de preguntas y respuestas, le muestran un “conjunto de muchas hojas de papel, ordinariamente impresas, que se han cosido o encuadernado juntas con una cubierta de papel, cartón, pergamino u otra piel, y que forman volumen” que se conserva en una caja de cristal, su aspecto viejo, su lomo sufre picadas de humedad, el gringo observa como en los anchos márgenes un anónimo leproso escribió un diario personal de sus padecimientos. Todos observamos como llevaba su índice a la boca para hojearlo. Nadie sabía que en una pequeña partícula del papel aún quedaban restos de un “organismo de estructura más sencilla que se conoce, capaz de reproducirse en el seno de células vivas específicas, siendo su componentes esenciales ácidos nucleicos y proteínas” como invernando a la espera de ser activado.
John cambió de aspecto. Pareciera querer decir algo, su rostro se transformó en una gran mancha. La bibliotecaria en su desesperación por auxiliar lo levanta al momento que ella entra en situación al igual que el investigador. Sólo atinó a salir corriendo, la mochila del baúl pasó a mi lado y en cosas de minutos la isla está infectada. Pareciera que el aire  estaba todo contaminado, me pongo la máscara, me rocío con el producto antivirus. Los rostros parecieran querer decir algo pero su falta de sensibilidad las matas en el acto. Cómo salir del lugar, si ya no queda casi nadie, cuerpos tendidos por la costa, en las calles. Las agujas del tanque de nafta muestran lleno, ¿me dejará llegar? ¿Podré dar aviso a la caminera? ¡No lo sé! La garganta se me seca, mi cuerpo pareciera ser una esponja, la botella de agua se transforma en algo preciado.
Logro escapar de aquel infierno, las autoridades dinamitan el puente. Ya nadie puede llegar al lugar. Siempre recuerdo aquel libro, en su lomo tenía manchas, ¿habría sido alguna señal? ¿Será que lograron controlar aquella epidemia? Tendré que ir al dermatólogo porque al bañarme pude observar una pequeña mancha en mi espalda. 
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